lunes, 23 de marzo de 2009

Empiezan los exámenes


Ya llegó la primavera. Las primeras flores de azahar empiezan a aparecer, aunque todavía no llega su perfume. En mi ciudad, por todos los rincones del centro, por las tardes, las trompetas y tambores no dan respiro a sus vecinos, indicando que ya está muy próxima la semana santa. Pero antes de esta fecha tan esperada por todos, tenemos que pasar por otro calvario mucho más sangrante: los exámenes y las posteriores sesiones de evaluación.
Desde mi postura de profesora de secundaria, miro a los chicos de clase mientras se afanan, los más (según qué clase), por entregar algo decente con lo que poder aprobar. Si realmente aprenden o no, es lo de menos, se juegan mucho, la mayoría, el poder pasar unas vacaciones sin más reproches que los que vengan por la hora de llegada de esas noches. Y yo les pongo las preguntas del examen, tan inconsciente sobre cuáles son sus verdaderos intereses, que casi parezco mema. El caso es que cuando intento recordar cómo era yo con mis quince o dieciséis años, creo que mi interés por la sintaxis, las figuras retóricas, los logaritmos y demás cuestiones de estudios, tampoco conseguían captar todo mi interés. Pero, gracias al afán puesto por los profesores que tuve en mi adolescencia y gracias a que la madurez tarde o temprano llegaba a los llamados a tener dos dedos de frente, mis sentidos y mi atención se centraron finalmente en lo que era en verdad importante: el deseo de tener una formación más o menos digna y decente.
En fin, la adolescencia siempre ha sido así: loca e inconsciente. Lo malo es cuando ese asentamiento de cabeza no llega. Una de las muchas cosas buenas que tiene la formación intelectual, es la valoración positiva que se puede hacer del esfuerzo y del sacrificio de la persona. Si no conseguimos acostumbrar a nuestros jóvenes a que las cosas no vienen regaladas, de poco nos va a servir todo el empeño que podamos poner por nuestra parte. Y realmente es algo muy necesario.

En la foto de hoy, como estamos de exámenes y necesitamos energía, os he puesto un delicioso browny de chocolate y avellanas. Como postre, acompañado de helado de vainilla bañado con chocolate caliente, es algo superior. En las meriendas, no necesita más acompañamiento que un buen batido de fresas frescas, ahora que nos las podemos permitir. 

10 comentarios:

Rey dijo...

Me quedo con el browny y dejo los adolescentes.

Anónimo dijo...

Yo me apunto tambien pero no al rosco ese, creo que en inglés se llamará rosco, ya ves a mi como que lo dulce no me va, en cambio las limonadas y los batidos de fresas si.
En cuanto a los examnes, jamás he sufrido tanto en mi vida como cuando tenia examnes, sobre todo por saber las notas con antelación y la catastrofe consiguiente.
Bueno los matojos si los he visto, pero no están mal, algunos son comestibles, sobre todo los que no están cerquita del camino que los riega el dueño de la casa con solo su naturaleza de hombre jajaja,. Tienes una jardinera que es todo vocación, empeño y tesón, solo que es mucho para ella.

Mirna dijo...

Rey, siento decirte que cojas un trozo de browny y que te pongas a corregir.

Anónimo, creo que tú ya sabes que lo de los matojos es algo inevitable. Ojalá tuviera tiempo o dinero para mantenerlos a raya. Menos mal que nuestra paisajista, como tú bien dices, le dedica gran parte del domingo con tesón y mucho amor, como todo lo que ella hace.
En cuanto a la limonada o el batido de fresas, hecho. Prometo tenerte uno si me avisas por lo menos el día antes de que vas a venir.
Un abrazo.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Tengo dos quintales de exámenes que corregir. ¡Porfi, rosco y batido de fresa en vena!

Mirna dijo...

Venga, que empiezo a calentar la Thermomx, Jesús. Pero vamos, no te compliques. Tú coges los exámenes, trazas una línea en el suelo. Los que caigan a un lado, suspensos; los que caigan al otro, aprobados; y los que caigan de canto, sobresaliente. Ja ja, con razón pongo tan pocos sobresalientes.
Un besazo.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Veo que compartimos espíritu primaveral y profesión. Un par de cursos examinados me esperan en las próximas horas. Así que me viene muy bien tu alimento, tanto el físico como el espiritual.

Desde el blog de Jesús Cotta llego por aquí y volveré. Un abrazo.

Ángeles L. Satorre dijo...

Por suerte no me fue muy mal con los exámenes siendo adolescente, creo que ahora me va peor cuando tengo que corregir los de mis alumnos, sobre todo cuando me encuentro afirmaciones como 2·0=2 en exámenes de niños de 3º ESO. No sabeís cómo le duele a una matemática el ver que ni siquiera se saben la tabla del cero.
Pero si tengo un browny de chocolate de los tuyos, me corrijo todos los exámenes que me pongan por delante (sobre todo si uso tu método del lanzamiento al aire),jeje.
Un besazo

Mirna dijo...

Juan Antonio, muchas gracias por la visita. He entrado en tu blog y me ha gustado mucho esa entrada tan primaveral.
Quizás ya has terminado de corregir, si no es así, cógete un trozo de browny, que esto es como decía el anuncio, "energía para el triunfo".
Un abrazo y espero verte por aquí. Yo seguro que te visitaré con frecuencia.

Ángeles, cariño, no te imagino sacando malas notas de ninguna manera. Tómate las cosas con calma. Aprovecha tu i-phone para hacer anotaciones de barbaridades de los alumnos. Yo ya lo estoy haciendo. Cuando tenga diez, las publicaré al estilo de los aforismos de Jesús. Podemos juntar los tuyos con los míos, escribimos un libro y nos forramos.
Un besazo.

Anónimo dijo...

Pues yo como alumna perenne os diré que vuestro método del tira exámenes al suelo no es nada válido (eso siempre que el mio caiga en el lado del suspenso, por supuesto) yo lo sospechaba pero gracias por la aclaración, ahora lo entiendo todo (jajajajaja) así que también me apunto al browni y el batido de fresas, ea.
Besitos y no seáis malos con esos pobres adolescentes.
Marta.

Mirna dijo...

Anda, Marta, ya será menos. Pero vamos te aseguro que tampoco habría tanto error con ese método, ja ja. (y lo de "pobres adolescentes" ya lo discutiremos).
Un besazo guapísima.