
Hoy me gustaría dedicar esta entrada a todos los calvos que conozco, y especialmente, al que comparte conmigo cama y vida (o vida y cama). También hago mención especial a mi amigo Charly y mis cuñados, que lo llevan en los genes y que son todos muy guapos. He de decir que ninguno de ellos tiene un pelo de tonto.
La escasez de pelo hoy día es un hecho,
no por ello el hombre ha de padecer
aunque sí debiera al menos prever
conservar siquiera el pelo del pecho.
La plena calvicie es ya un derecho
y hasta en Sansón es señal de poder
lucir frente amplia como un alfiler
y llevarse incluso a Dalila al lecho.
Por tanto no te quedes rezagado
pensando en cabelleras anteriores;
a veces es mejor ir afeitado,
pues antes eran muchos los señores
que con ridículo flequillo al lado
intentaban cubrir los sinsabores.
Y para comer, hoy les traigo a mis calvitos una empanada riquísima. Se trata de una empanada de jamón, bacon, queso y dátiles. Es muy sencilla de hacer: sólo necesitamos una masa de hojaldre (la mía es casera), que vamos rellenando por capas: primero el bacon, luego los dátiles, seguidos del queso y por último el jamón cocido. Una vez puesta una capa de cada cosa, volvemos a empezar. Tapamos la empanada con más hojaldre, la pintamos con huevo batido y al horno.