miércoles, 17 de junio de 2009

La lavadora



Puede que muchos de vosotros penséis que esta entrada no es seria. Que quizás de llevar tanto exámenes corregidos y tantas chorradas leídas se me ha contagiado un poco o un mucho de la atontaera de la ESO. Otros pueden pensar que simplemente estoy chalada por mí misma, con todo mi mérito. Pero el tema que os traigo hoy ha sido muy meditado y comprobado.
¿Alguien sabe quién era Alva Fisher? No, no miréis en la Wikipedia porque no viene. Alva Fisher fue el inventor de la lavadora mecánica, la abuela de la que conocemos y tenemos en casa. Hasta aquí todo conforme.
Pero yo creo que la lavadora fue en realidad un invento rebote: este señor, ingeniero norteamericano, investigaba en verdad para otros fines. Quería inventar: la máquina del tiempo, y le salió una lavadora.
Esta afirmación la vengo madurando desde hace varios años. Pero especialmente desde que mi prole ha crecido tanto, puedo afirmar que en temas lavanderos tengo mucho que opinar. Todo mi quebradero de coco llegó con los primeros calcetines desparejos. Vamos a ver, si no están en la lavadora, ni en la secadora, ni en el cajón, ni los he tendido, ni nada de nada ¿dónde están? (sí, también he mirado detrás del cesto de la ropa sucia). Y ni que decir tiene, que cuando me empecé a encontrar calcetines que no me sonaban de nada, por poco me vuelvo loca.
Así que esta es mi teoría: la lavadora es una máquina del tiempo. Funciona al centrifugar, si no, no hay problema. Hay veces que las prendas van al pasado, y esas no las encontraremos más; otras, en cambio, viajan a un futuro más cercano (de los del present continous with future sense) y en un par de lavados, los tendremos de nuevo de vuelta. Una vez, me pasó que me encontré un calcetín de niño que no me sonaba nada: está claro que había viajado al pasado, y como todavía no lo había comprado, pues me dejó descuadrada, ¿cómo ha llegado esto a mi lavadora? 
También a veces es una faena cuando se te cuela una prenda blanca en un lavado de color. Yo tengo especial cuidado con no equivocarme y no mezclar la ropa; así que cuando me lo encuentro es otro de esos casos de salto en el tiempo.
En fin, hoy mismo me he encontrado en la colada un jersey de invierno ¿qué narices hace esto aquí si hace dos meses que quité esta ropa de en medio? Está claro, se quedó en un agujero negro suspendido donde no existe ni el espacio ni el tiempo hasta que ha regresado a su mismo sitio, pero dos meses más tarde. 
Así que si hay algún científico, ingeniero o lo que sea, que me pueda dar una explicación lógica a todo lo que aquí expongo, le estaré muy agradecida. Asimismo, si alguien ha sufrido experiencias similares, sería bueno compartirlas y no tener la sensación de que estamos locos ni majaretas (expresión muy malagueña). ¿Qué buscaba realmente el señor Fisher? Quien sabe, pero desde luego le debemos que por lo menos aparezca en la Wikidedia, ¿no?

Y en mi cocina hoy vamos a hacer pasta. SSMM los Reyes Magos de Oriente, me trajeron esta maquinita (sin viajes temporales ni nada, bien sencilla ella) para hacer pasta. Me encanta saber que cuando como pasta lleva sólo harina y huevos (bueno y esta en concreto tinta de calamar). 
Un beso y hasta la próxima. 

16 comentarios:

Marta dijo...

Jajajajaja, y yo pensando que me había vuelto loca... gracias Mirna por abrirme los ojos, sinceramente ya daba por hecho que mi memoria fallaba sin remedio. Uff qué alivio¡¡
Lo tendré en cuenta la próxima vez que desaparezcan o aparezcan calcetines, jajajaja
Un besazo, me ha encantando.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Yo creo que esta teoría tuya acabaría con los quebraderos de cabeza de los científicos que buscan la máquina del tiempo. ¡Pero si ya existe! La repera sería que apareciese en la lavadora, por ejemplo, los calzoncillos de Napoleón.

Máster en Nubes dijo...

Eres genial, Mirna, y acabas de plantear (y resolver) una de las cuestiones básicas de la humanidad, porque lo de los calcetines desparejos y prendas que desaparecen y aparecen se las trae ;-)

Que conste que cuando me cuenta mi madre cómo lavaban en su infancia se me ponen los pelos como escarpias: todo un día dedicado a la colada, ese día se comía sencillo (la cocina se dedicaba a la colada, ya sabes que era de carbón y se te ponías con ello no podías estar encima lavando).

¿Tienes la maquinita de la pasta para hacerla de verdad??????????? Definitivamente eres mi ídolo, es que no tiene nada que ver la pasta-pasta con la comprada, por Dios, la envidia me corroe. No te abrazo por si te contagio atchus atchus...
Aurora

María Lunarillos dijo...

Mirna, como siempre, un placer leerte. La mía no trae la función de viaje en el tiempo incorporada. :-) Pero conozco otras más sofisticadas que sí.

Un abrazo.

Marga dijo...

Lo que me he reido, eres la pera Reyes, ahora me explico muchas cosas que me pasan con la lavadora, y por fin he averiguado cómo llegó a casa un calcetín azul de niño que ninguno de los cuatro conocíamos.

en fin que me encanta leerte, y no creo que estés para con atontaera.

besos

Mirna dijo...

Me encanta que os haya gustado la entrada.
Marta, yo pensaba que estaba tarumba del todo; eso por eso que me puse a investigar. No puede ser otra cosa. Pero yo sigo investigando. Mi próxima tesis es ¿Dónde están las cucharillas de café? Ya estoy ultimando los detalles finales. Es increíble, de verdad.
Un beso muy fuerte.

Jesús, lo de Napoleón es imposible. En esos tiempos las lavadoras no centrifrugaban, así que las prendas no viajaban. El caso contrario sí es posible: que Napoleón se encuentre con tus calzoncillos. Quién sabe, a lo mejor fue a Waterloo con tus calzoncillos y como le molestaba la rabadilla, no estaba el señor inspirado para la guerra.
Un abrazo para todos.

Ay, Aurora, cuídate, mujer. No esta buena época para coger resfriados. Por cierto, lo que dices de cómo lavaban antiguamente es increíble. Nuestra vida sería tan diferente. Para empezar supongo que no tendríamos tanta ropa en el armario, ni los niños tampoco. Y seguro que no estaríamos para escribir cosas como estas.
Lo de la pasta, es un caprichito. Me gusta mucho hacerla. Tengo pendientes un par de cosas con pasta que tienen que quedar preciosas. Mira, si te gusta la pasta fresca, visita este blog de la cuinera y verás qué maravillas hace.

Mirna dijo...

María Lunarillos, qué echo de menos tus tartas. Muchas gracias por la visita. A propósito, ¿has llamado al servicio técnico de tu lavadora? Es que eso te lo cubren aunque no esté ya en garantía.
Un besazo.

Marga, me alegro que te haya gustado. Oye, guarda el calcetín. El problema es que todavía no lo has comprado, ¿sabes?
Un beso para todos.

ReyVindiko dijo...

Ese agujero oscuro de la lavadora siempre me ha parecido fascinante, hipnótico. ¿Te acuerdas cuando nos regalaron nuestra primera lavadora y los dos, cogiditos de la mano, nos quedamos mirándola mientras lavaba como si fuera una aurora boreal?

Mirna dijo...

Ay, sí, qué tiempos aquellos. Me encantaba verla enjuagar, cómo corría el agua por la ventanita. Claro, como entonces ya no teníamos tele, nos teníamos que conformar con la lavadora.
Un beso, que mejor te lo doy.

Outsider friar dijo...

Está claro que el fenómeno se da o en el centrifugado o en el aclarado, pues con la JATA portátil no pasan.

Anónimo dijo...

Mirna: Eres genial. Como he disfrutado leyéndote. Y todos los comentarios a tu entrada tampoco tienen desperdicio. Por cierto cuando termines con la tesis de las cucharillas, por favor empieza una sobre los vasos, porque no se rompen, y desaparecen solos, por lo visto se van de casa. Un día de estos tendremos que beber en botijo.

Muchísimos besos,

Susi

Lein dijo...

A feast for the eyes (and the mind...). La solución: quedarte mirando el centrifugado (es lo que hago yo....)
Lots of love, M

Ángeles L. Satorre dijo...

Querida Mirna, no puedes imaginar lo que me ha gustado esta entrada.
Tienes el don de regalar sonrisas a todos tus seguidores. Simplemente genial.
Un besazo

Mirna dijo...

Outsider,eso es, este fenómeno solo se da en el centrifugado a partir de 500 rpm, es por eso que en las portátiles no ocurra. Un abrazo y bienvenido a la casa de campo.

Susi, tengo que llamarte. Del lunes no pasa, te lo aseguro. Me alegro de que te haya solucionado un problema. En cuanto termine mi tesis de las cucharillas la pondré. Es muy interesante. Besos.

Dear Lein, you are always welcome to my home. I hope you have enjoyed it. And of course feel free to comment in English any time you want. Kissess for you and tour familly.

Ángeles se te echa de menos, chiquilla, que no hay quien te vea ni en persona ni virtualmente. Un besazo.

Anónimo dijo...

Pues lo que es de "Cuarto milenio" por lo menos es que esos fenómenos sucedan... en el tendedero, como es el caso de las bragas de cuello vuelto que aparecieron misteriosamente en casa de nuestra querida suegra (que no madre "política", que suena fatal), y nadie podía averiguar a quién pertenecía. Eso sí, la prenda apócrifa intentaron colocármela a mí, que una tiene méritos, pero no tantos como para que le quepan ahí y no le sobren. A ver si eran de la Josefina de Napoleón... o de la señora suegra del Napo. Entrada fantástica que yo corroboro. Un beso, Raquel.

Mirna dijo...

Pues lo pensé. Aquello fue un fenómeno polstergei (o como narices sea). Anda que no. Por cierto, ¿qué fue de las bragas? Yo me parto cada vez que me imagino la escena de nuestra Isabel llevándolas por el bloque a ver de quién era.
Un besazo, cuñá, ains qué ganas de vernos.