viernes, 6 de noviembre de 2009

Pepelu



6 de noviembre de 1991, 17:30, mi padre muere. Desde entonces creo que no hay una sola hora de mi vida en la que no haya pensado en él. Lo lloré, aunque no demasiado. Quizás no era consciente de lo para siempre de la situación.
José Luis, Pepelu para muchos, era un hombre querido por todos los que le rodeaban. Fue impresionante la cantidad de gente que asistió a su funeral, por supuesto toda la familia y amigos, pero también un número bien importante de alumnos, antiguos alumnos y padres.
Amable, cariñoso, gracioso, simpático, guasón, chistoso y un poco pícaro, generoso, amigo de sus amigos y también de los que no lo eran, esposo ejemplar y padre, muy padre. Realmente era así. Diecinueve años me supieron a poco y es precisamente ahora cuando más de menos lo echo. Cuánto me hubiera gustado tenerlo a mi lado el día de mi boda y que hubiera conocido a mis hijos. Pero quiso Dios que no fuera así. Él tenía otros planes para mi padre y un infarto de corazón nos lo arrebató para siempre.
Desde ese momento empecé a tener noción de lo inevitable de las cosas. Conforme su vida se escapaba de su cuerpo, después de su último aliento, mi único deseo era robarle su alma al aire y volverla a su sitio; pero no mirarlo vencida, sin poder hacer absolutamente nada por evitarlo.
Aceptación, resignación, no nos quedaba otra salida. Aprender a integrar su ausencia en nuestras vidas. Duro, pero él nos enseñó tantas cosas que sin quererlo nos preparó para cualquier situación. Aunque no a mi madre. Ella todavía es incapaz de hablar de él sin llorar. Parte de su alegría y de sus ganas de vivir se fueron con él.
Hoy, dieciocho años después, me parece mentira el hecho de que dentro de un año lleve tanto tiempo sin él como con él; que esta ausencia se haya hecho mayor de edad. Las ganas irrefrenables que tengo de verlo, de hablar con él, de sentirlo y olerlo, me dejan una tristeza en lo más profundo de mi pecho. Dicen que el tiempo todo lo cura; pero no es cura en verdad, es costumbre.


9 comentarios:

Máster en Nubes dijo...

Mirna, una entrada preciosa, entrañable, auténtica, sentida y nada sentimental en el peor sentido de la palabra, con sentimiento de verdad. Qué razón tienes, es la costumbre nada más. Un abrazo a tu madre, las viudas, algunas, lo llevan fatal. Hay que entenderlas: más que si les quitaran una pierna. Un abrazo fuerte, hermosa.

Anónimo dijo...

Esta mañana me ha dicho la Virgen de los Reyes que la perdones, pero que el niño tenía prisa por jugar con Pepelu... Luego tenemos la eternidad para verlo a él y a tantos otros... Yo espero conocerlo allí y reírme con sus chistes tanto como contigo. Un abrazo muy muy fuerte, y otro muy especial para Maruja, Raquel.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Pepelu y mi padre ahora están con el Gran Citarista, que decía fray Luis. Y coincido con Máster, qué bonito eso que has dicho: no es cura, sino costumbre. Yo tuve la suerte de conocer a tu padre y guardo de él un recuerdo simpático. Me trató bien, hizo algunos chistes, recuerdo su voz y sus gestos simpáticos. Un beso para Mirna y Maruja.

Mirna dijo...

Un beso muy fuerte a los tres, Aurora, Raquel y Jesús, de corazón.

Judit dijo...

Estas fechas deben ser duras, pero quédate con todo lo bueno que te regaló. Besitos.

Ángeles L. Satorre dijo...

Se me han saltado las lágrimas al leerte porque yo estuve con mi padre 21 años y llevo sin él 16 y a mi el tiempo no me ha curado nada tampoco.
El tiempo solo me ha acostumbrado a que cada noche le cuente que su nieto menor es un bicho, que se le caería la baba con sus tres nietas que ya son unas mujercitas y mil noticias cotidianas que son las más duras de vivir sin él.
Seguro que era un gran hombre y estaría orgullosa de su hija porque es una mujer excepcional.
Un beso muy grande.

Ángeles L. Satorre dijo...

Perdón, he dicho orgullosa, tu padre estaría orgulloso de su hija es lo que quería decir.
Un abrazo

Anónimo dijo...

Bienvenida, has tenido tino y acierto en ponerle ese nombre. Como para ustedes es un problemilla de momento, cuando sea un problemón que pese entre ocho y diez kilos, espero sea en diciembre, yo lo solucionaré como anteriormente lo hice en otras ocasiones, solo que en esta me llevaré la olla y el fuego grande para que sea una resolución perfecta.
El lobo feroz
Estád tranquilos, contais conmigo.
Saludos a Paloma

Anónimo dijo...

Mirna, se me ha puesto la carne de gallina al leerte. Y entiendo perfectamente lo que sientes, porque he pasado por lo mismo por partida doble. Mi madre ni siquiera llegó a conocer a mi hijo, mi padre disfrutó de él durante los años más bonitos de su infancia.
Dicen que cuando queremos a alguien nunca muere, siempre vive en nuestro corazón, pero hay tantas cosas que quisieras compartir con ellos y no los tienes contigo.

Muchísimos besos y opino como Ángeles. Seguro que tu padre era un gran hombre, no lo conocí, pero conociéndote a ti, estoy segura de ello, y debe estar orgullosísimo de tener una hija como tú.

Muchísimos besos,

Susi