
La verdad es que hay que ver lo que pasamos las mujeres a veces para estar bellas. La belleza es tan importante que nos solemos dejar una pasta gansa y no nos importa ni siquiera el sufrimiento físico para conseguirla (por cierto, me voy a encender el aparato de la cera, no os vayáis). A pesar de lo que piensa Reyvindiko al respecto, a la mayoría nos gusta estar bellas para nosotras mismas. No hace falta que ningún maromo nos alabe lo guapas que somos, o que estamos, aunque siempre nos gusta que nos lo digan.
Para vernos guapas hay ciertos puntos que no nos pueden fallar. El primero de ellos es la depilación. ¡Mira que son feos los pelos donde no tienen que estar! Es que incluso aquellos que no se van a ver parecen que te hacen desmerecer lo arreglada que vayas. Además, nunca se sabe lo que puede pasar. Empezando por la cabeza, las cejas y el bigote. Unas cejas bien depiladas te hacen el 70% del maquillaje en los ojos, es más, a veces no hay ni que pintárselos. Y del bigote ya ni hablemos, las Wifredo ya no están de moda. Seguimos bajando y axilas e ingles fuera, aunque llevemos manga larga y no vayamos a la playa; si vamos arregladas, cualquier pelo que no esté en la cabeza debe salir inmediatamente (lo de que he encendido la cera es en serio, ¿eh?). Las piernas, fundamentales, es que hasta cuando una se mete en la ducha le sube la autoestima si está bien depilada.
Seguimos con los pelos, pero ahora los de la cabeza. Debo confesar que hace un año o así me empezaron a salir algunas canas. Al principio pensé llevarlas con dignidad, ea, hay que aceptarse tal cual una es. Pero la verdad es que pensando, pensando, ¿para qué voy a aguantar tener canas si no me gustan? Si me gustaran, pues vale, pero aguantarme porque sí, pues no la verdad. Pues nada, vamos a la peluquería a hacernos esclavas del tinte. Menos mal que Loli, mi peluquera, es muy sensata y me dijo que era mejor empezar por unas mechitas rubias, que como yo siempre he sido muy rubita pues que me iban a quedar muy bien. Loli, lo que tú digas. Y aquí llega la conversión en gallina galáctica: te ponen un gorro de plástico como los de natación llenos de agujeritos por los que van sacando mechones de pelo con un punzón. ¡Qué dolor! ¡Y qué dolor de cabeza luego! Mientras tienes el gorro con el tinte tus pensamientos se centran en rezar para que no haya un cataclismo y tengas que salir de la peluquería con esa pinta- Dios mío, que no pase nada. Pero al cabo de una hora y un lavado de cabeza con el que mudas hasta el pellejo del cuero cabelludo, quedas como la misma Aurora de la Bella Durmiente. ¡Qué cabeza! ¡Qué melena!
La ropa es otro factor superimportante. Por mucho que digan que aunque la mona se vista de seda, mona se queda yo siempre añado que prefiero ser mona en seda que simplemente mona. Aquí, ya solo debemos tener en cuenta el gusto y estilo personal, lo que nos vaya bien, y la ocasión. Así que en la ropa no me meto. Ah, y no debemos olvidar la ropa interior. Tengo una amiga que siempre dice que hasta para bajar al mercado lleva la ropa interior conjuntada ya que nunca se sabe si puedes tener un accidente y qué van a pensar los de la ambulancia y los médicos que te vean.
Por supuesto, hay que usar complementos: collares, anillos, pulseras, pendientes, un cinturón, un bolso bonito (por cierto que no tengo), un abanico coqueto, coleteros, chales y demás. A veces te visten más los complementos que la misma ropa.
Cosméticos y maquillaje. Una piel limpia, hidratada y cuidada, hace tanto. Yo no soy muy de pintarme ya que tengo, gracias a Dios, muy buen color. Ya me puedo estar muriendo que el color no se me va de las mejillas - algo bueno tenía que tener. Pero reconozco que hay que cuidarse y que usar buenos cosméticos ayudan y mucho. Aurora, cielo, qué maravilla de ampollas, rejuveneces, te iluminas y pareces que se te sube el guapo y todo. Y luego, la piel lista para recibir el maquillaje. No me pinto mucho, pero un poco de rímel, una sombra muy suavita y un toque en los labios, y me quedo genial (jaja ;))
Y por último, el perfume. Para mí, el perfume habla por uno. Si vas de noche, si sabes que habrá plan, algo intenso pero que no aturrulle a los otros. De día, para el trabajo, algo fresco, de flores o afrutado (me gustan los cítricos). Y para cualquier ocasión, Ysatis de Givenchi, huele a limpio y a fresco, me gusta.
Menudo rollo os he soltado. Os echo de menos, pero no tengo tiempo para nada. Y ahora os dejo, que me voy a arreglar para esta tarde. Me voy al concierto de Elefteria Arvanitaki, ya os contaré.
Y como hablamos de estar bellas, en la cocina también. Una dacquoise de chocolate. Suave, ligera y de chocolate, ideal y divino de la muerte. Besos y perdonad que no sea una asidua bloguera.