
El lugar donde sentimos los sentimientos, las emociones, es algo que me llama la atención. La alegría,la tristeza, la rabia, los celos, las sensaciones que nos provoca el arte, ... ¿dónde los ubicamos?
Dependiendo de cuál sea el sentimiento en cuestión, lo sentimos en distintas partes de nuestro cuerpo.
El corazón quizás sea una de las zonas más sensibles. El mal de amores, que lo llaman, tener el corazón partío, literalmente lo sentimos así. Lloramos con el corazón encogío y hay veces que hasta duele. Cuando te dan una malísima noticia, cuando te imaginas (mejor imaginar que ver) a tu pareja con otra persona, o cuando tu amado, de nuevo, tiene que hablar seriamente contigo después de varios días viéndolo tú rarillo, el pellizco se va para el corazón y se te agarra de una manera que más que un pellizco, a veces es un zarpazo. Por supuesto, cuando te dan un susto es el corazón el que parece que se para. Tres sustos me he llevado de los gordos y pensaba que me quedaba en el sitio.
El vientre también va cargado de sensaciones. Cuando estamos preocupados y se nos meten los nervios en el estómago. Cuando estamos tristes y melancólicos, ese run-run que se instala por la zona baja del tronco y se mueve al son de melodías arrancadas a un violonchelo. Debo reconocer que a veces me gusta dejarme llevar por este sentimiento.
Cuando vemos la herida de alguien, se nos coge un pellizco en el estómago; es como una cosquilla hecha con muy mala idea, que no te hace reír, pero que se parece a cuando te tiras por la montaña rusa.
Pero en la zona del estómago también se ubica la rabia, el enfado, y todo aquello que te hace saltarle a la yugular a alguno, y bien merecido, por cierto. Es curioso que conforme uno se va calentando, se va notando la presión de abajo-arriba y viceversa, las venas del cuello saliéndose de sus vías, y las mejillas cambiando de color.
Otra de las sensaciones que también me llama la atención es cuando oigo una canción, o leo un poema que me emociona. Entonces lo que noto es que se me eriza el vello de la frente y el nacimiento del pelo. Es como si la frente se expandiera abriéndose paso por el cráneo.
Y como no, el espinazo (¿del diablo?). Esta es una sensación muy inquietante, un nosequehay que no lo veo pero que está ahí. Un escalofrío que sale de la base del cráneo hacia abajo, como si te tuvieran colgado de una percha. Además, es curioso que si lo notas cuando estás con otra persona, probablemente el otro sienta lo mismo que tú.
Y como hace poco fue San Isidro, pues para el cafelito os pongo unas rosquillas de Santa Clara de San Isidro. Buenísimas. Para los que son de la zona de Andalucía, os diré que se parecen a los famosos roscos de Loja, los llamados roscos tontos (que serán tontos pero que están buenísimos).
Un abrazo.