Mostrando entradas con la etiqueta tarta sácher. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tarta sácher. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de septiembre de 2009

Pido perdón a mis hijos


Pido perdón a mis hijos por darles una vida normal; por no ser madre soltera; porque sus padres viven juntos bajo el mismo techo que ellos y no tenemos intención de separarnos; porque no somos inmigrantes; porque no estamos en paro; porque ni su padre ni su madre está en la cárcel; por no ser heroinómanos.

Les pido perdón, aunque ellos no lo entiendan, porque están en desventaja ante todo aquel que sufre alguna de las desgracias arriba mencionadas; porque pagamos nuestros impuestos para darles un bienestar a algunos en detrimento del nuestro propio; porque no podrán optar a los beneficios que la administración parece solo reservar para aquellos; porque estarán siempre los últimos en puntos para entrar a un buen colegio, público o concertado, o una guardería concertada, porque nosotros tampoco nos podemos permitir pagarlos privados.

Siento mucho no ser políticamente correcta con esta entrada. Tampoco nunca he pretendido serlo; además me revienta lo políticamente correcto ya que lo veo más bien como hipócritamente correcto. La discriminación ¿positiva?, vaya nombrecito de marras. Me avergonzaría que por el simple hecho de ser mujer tuviera alguna ventaja a la hora de encontrar un trabajo con respecto a un hombre. Eso de llenar cuota, como que no me va demasiado. Nunca sabría realmente si ocupo un puesto merecido o si en verdad soy una botarate (quizás debería decir botarat@) que no sabe hacer la O con un canuto, como hay tantísimas por ahí.

En fin, no voy a continuar con este tema porque realmente quema la sangre de cualquiera. Al final, todos acabamos comulgando con ruedas de molino y punto-pelota.

Menos mal que pongo una nota dulce: de nuevo mi sácher. Esta vez la hice para el santo de Paloma, ¿bonita, verdad?

jueves, 30 de julio de 2009

Bailando con... golondrinas




Vivir en el campo, para mí, urbanita de toda la vida, tiene más ventajas que inconvenientes. La tranquilidad, la ausencia de vecinos, ruidos, coches, humos, olor a basura, cucarachas (muy importante), y un largo etcétera, han hecho que mejore, y mucho, mi calidad de vida.
Que estoy muy sola, cierto; que la casa y sus alrededores tienen mucho trabajo, cierto; que a todas horas hay problemas técnicos de averías, cierto. Pero aún así, me compensa y me recompensa esta vida.
La fauna que puebla los alrededores de mi casa es muy variada: arañas de varios tamaños, ciempiés, insectos varios, ratones, ratas (no son frecuentes pero a veces suben), lagartos, lagartijas, camaleones, culebras, salamanquesas; mamíferos comunes, como perros y gatos, que vienen a ver lo que pillan, erizos, zorros (vive una pareja cerca de casa), conejos y liebres. Pero lo que más me gustan son las aves. Como se sienten seguras, anidan cerca de casa las perdices y es muy bonito verlas en primavera con una tropilla de veinte perdigones. También hay cuervos, mochuelos, búhos y lechuzas, patos, gorriones, mirlos, verderones, jilgueros y muchos más que no recuerdo y otros cuyos nombres no conozco. Luego, dependiendo de la estación del año, vienen por aquí aves migratorias. Ahora mismo, en verano, tenemos los abejarucos, que tienen un colorido precioso, y claro, como no, siguen por aquí los vencejos y las golondrinas.
Las golondrinas, ah las golondrinas. Me encantan. Para mí hay algunos animales que me parecen sagrados, y en especial las golondrinas y los delfines entran en este grupo. Son tan curiosas y juguetonas. Les gusta mucho remojarse en la piscina y es para verlas, con qué agilidad lo hacen. Además no les importa que se estén bañando los niños; no se cortan una pluma. Les gusta el agua, y lo mejor para el calor pues es darse un remojón. La otra tarde estaba yo regando, y cuando alejaba el chorro de agua, aprovechaban para pasar por él y refrescarse.

Son unas compañeras de piscina excelentes, aunque claro, a veces cae alguna al agua y no consigue salir. Siempre me da lástima cuando se van en otoño, se echan de menos.

Y bueno, como ya he dicho, el campo tiene sus inconvenientes. Sin ir más lejos, el otro día preparé una tarta sácher para el santo de Yago, y ya veis, vinieron los marditos roedores. Menos mal que eran de mazapán y estaban riquísimos.