
Pido perdón a mis hijos por darles una vida normal; por no ser madre soltera; porque sus padres viven juntos bajo el mismo techo que ellos y no tenemos intención de separarnos; porque no somos inmigrantes; porque no estamos en paro; porque ni su padre ni su madre está en la cárcel; por no ser heroinómanos.
Les pido perdón, aunque ellos no lo entiendan, porque están en desventaja ante todo aquel que sufre alguna de las desgracias arriba mencionadas; porque pagamos nuestros impuestos para darles un bienestar a algunos en detrimento del nuestro propio; porque no podrán optar a los beneficios que la administración parece solo reservar para aquellos; porque estarán siempre los últimos en puntos para entrar a un buen colegio, público o concertado, o una guardería concertada, porque nosotros tampoco nos podemos permitir pagarlos privados.
Siento mucho no ser políticamente correcta con esta entrada. Tampoco nunca he pretendido serlo; además me revienta lo políticamente correcto ya que lo veo más bien como hipócritamente correcto. La discriminación ¿positiva?, vaya nombrecito de marras. Me avergonzaría que por el simple hecho de ser mujer tuviera alguna ventaja a la hora de encontrar un trabajo con respecto a un hombre. Eso de llenar cuota, como que no me va demasiado. Nunca sabría realmente si ocupo un puesto merecido o si en verdad soy una botarate (quizás debería decir botarat@) que no sabe hacer la O con un canuto, como hay tantísimas por ahí.
En fin, no voy a continuar con este tema porque realmente quema la sangre de cualquiera. Al final, todos acabamos comulgando con ruedas de molino y punto-pelota.
Menos mal que pongo una nota dulce: de nuevo mi sácher. Esta vez la hice para el santo de Paloma, ¿bonita, verdad?