
Como vulgarmente se suele decir éramos pocos y parió la perra. Pues eso, familia numerosa, abuela incluida (no diré nada de la de Vallecas ;)), y encima, decido tener perro. Ese fiel amigo del hombre y de la mujer (Bibi, no te me enfades) que nos saca las vergüenzas del jardín, ya que su principal tarea es la de buscar y rebuscar qué no debe coger para romperlo y ensañarlo. Esa es Kyara.
Un cruce de labrador con no sé qué, algunos me dicen que con mastín. Nació el 15 de abril, así que en el día de la Asunción cumplió sus 4 primeros meses de vida; aries, si es que en los perros los horóscopos aportan alguna característica. Lo que sí es cierto es que con mi otro aries, Yago, se lo pasa pipa. Creo que comparten algo más que horóscopo.
Los niños, especialmente, están encantados. Una vez superados los primeros miedos, excepto Paloma, que aún le guarda un distante respeto, no paran de jugar con ella. Victoria, especialmente, con sus tres añitos, es la que más tiempo pasa con Kyara. Tanto es así que ayer mismo la vimos rascándose la oreja con el pie y lamiéndose la rodilla, el brazo y el torso; lo de andar a cuatro patas, ladrar, jadear y mover el culo fingiendo un rabo sobra que lo diga.
La tenemos desde el 26 de julio, por el santo de Santiago, y ya es parte de esta casa de campo. Se lo pasa bomba y le tenemos ya mucho cariño. Reyvindiko era el que más pegas ponía, pero en cuanto le vio esa mirada de andaquieremeyverascomodefiendotucasaytugentecuandocrezca, o lo que tan bien representa la mirada de lástima del gato de Shrek 2, no pudo negarse. Y ahí van los dos. Para Kyara, Reyvindiko es el jefe indiscutible de la manada. Yo soy la mami, lo tiene clarísimo y compite con el resto de los cachorros por mis mimos y comiditas.
... Y os preguntaréis que qué horas son estas de escribir, pues bien, mañana, vamos hoy, celebramos mi santo y el de Paloma, así que estaba terminando de cocinar: tartaleta rellena de trufa. Prometo receta, foto y un cachito mandado por Seur, si es que llega.
También prometo entrada riojana, ¿eh? que no lo he olvidado. Es solo que el espíritu zen ya se me ha pasado.